
El Parque Industrial de Alvear y la EPE: El cortocircuito de los constantes cortes de luz
REDACCION INFOALVEAR
En la Argentina, el síntoma suele preceder a la enfermedad, y el Parque Industrial de Alvear es hoy la radiografía de un colapso que no por anunciado resulta menos traumático. Lo que sucede en esas hectáreas, que deberían ser el santuario del valor agregado en Santa Fe, no es un mero accidente técnico. Es, para usar una terminología que incomoda en los despachos oficiales, una forma de asfixia programada por la EPE a través de una realidad innegable: hay demasiados cortes de energía.
El drama de las interrupciones constantes tiene un responsable con nombre y apellido: la Empresa Provincial de la Energía. Pero cuidado, porque detrás de la sigla se esconde una patología mucho más profunda. Estamos ante una aristocracia burocrática que parece haber olvidado que su única razón de ser es, precisamente, proveer el insumo básico del siglo XXI. Sin continuidad eléctrica, el capitalismo es solo una intención romántica.
La escena es casi distópica. Mientras el mundo discute la inteligencia artificial y la industria 4.0, el empresario de Alvear debe lidiar con la incertidumbre de no saber cuándo será el próximo apagón. Un parpadeo, una caída de fase, y la línea de producción se convierte en un cementerio de máquinas averiadas y materia prima descartada. La pérdida económica es cuantificable; la pérdida de confianza en el sistema es, por el contrario, infinita.
Hay que mirar el nudo del problema. La EPE se comporta como un recaudador voraz pero como un inversor ausente. El cuello de botella en las líneas de 33 kV y la frecuencia inaceptable de los cortes no son una fatalidad del destino, sino el resultado de décadas de una política que priorizó el gasto corriente sobre la infraestructura troncal. Se habilitan parques y se promocionan inversiones, pero nadie se asegura de que el suministro sea estable. Es como construir un edificio de cien pisos con la instalación eléctrica de una casa de campo.
La EPE es la dueña del grifo. Si el grifo se cierra constantemente o si el servicio es intermitente, no hay gestión vecinal que alcance para sostener la producción.
Estos cortos permanentes en el Parque Industrial de Alvear son la metáfora perfecta de un Estado que le pide al sector privado que compita, que exporte y que genere empleo, mientras le corta los cables sistemáticamente. Al final del día, lo que se quema en el polo productivo no es solo un transformador. Es la posibilidad misma de desarrollo en una región que ya no tolera más excusas.
La pregunta que subyace, y que nadie en el directorio de la EPE parece querer responder, es inquietante: ¿Es solo desidia o es una incapacidad estructural para entender que el sector productivo no puede trabajar con normalidad si la luz se corta todos los días? En Alvear, el silencio de las máquinas empieza a gritar una respuesta.


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